Correr evita la tristeza y la ansiedad

Estudios médicos determinaron que el salir a correr es un factor que mejora la salud, generando hormonas que brindan una mayor felicidad y relajación.

19 de mayo de 2020

Muchas veces, la tristeza o la ansiedad son factores difíciles de superar. No son estados de ánimo, sino obstáculos mucho más complejos.

Si bien el correr no es la solución para ellos, se presenta como una alternativa que nos permitirá tener un mejor semblante y presentarle batalla a estos problemas.

Salir a hacer un poco de ejercicio nos cambiará el día. Así lo aseguran los neurocientíficos de la Universidad de Princeton, que aseguran que los efectos de un trote saludable sirven para ayudarnos a vivir de una manera mejor y con un nivel menor estrés ocasionado por los problemas cotidianos.

Los colegiados aseguran que la actividad física es una excelente terapia para el tratamiento de la depresión y la ansiedad. Se ha demostrado que trotar a un ritmo sostenido promueve la liberación de endorfinas, hormonas que nos hacen sentir felices y relajados, reduciendo la producción de cortisol, la hormona del estrés.

Activación de neuronas

Los investigadores realizaron sus estudios a partir de dos grupos. Por un lado, cierta cantidad de gente se mantuvo activo, realizando ejercicio, mientras que una serie de personas llevó adelante una vida sedentaria.

Aquellos que corrieron contaban con la activación de neuronas que inhibían la actividad de las células nerviosas que estaban sobreexcitadas.

Luego agregaron algo de estrés ambiental y encontraron la activación de neuronas excitables en el hipocampo, una región del cerebro involucrada en las respuestas emocionales.

Sin embargo, los runners podían hacer frente mejor a esta activación cerebral, ya que incluso las «neuronas calmantes» se activaron para evitar que el impacto de la situación sea excesivo y mantener el estrés bajo control.

La naturaleza, un plus

El poder viajar y salir a correr en medio de la naturaleza brinda un efecto que potencia la mejora.

Tras someter a varias personas a un electroencefalograma móvil que controlaba las emociones y estados como la frustración, la meditación, el entusiasmo y la atención, se llegó a la conclusión que aquellos que podían hacer actividad física en plena naturaleza vivían mejor, alcanzando mayores posibilidades de relajarse, meditar y aumentar su concentración.

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