El ganador de la maratón olímpica que hizo 11 millas en auto

La competencia celebrada en 1904 fue una de las más sucias y bizarras de todos los tiempos. El primero cortó camino en un auto y el ganador, Thomas Hicks, fue acusado de doparse con sulfato de estricnina mezclado con brandy.

9 de mayo de 2020

La maratón de los Juegos Olímpicos de Saint Louis en 1904 será -sin dudas- recordada como la más bizarra y tramposa de la historia.

Si bien cuatro años antes, se recuerda la gran desorganización de la maratón de París, dado que el circuito fue cambiado a poco de largar y la gran mayoría de los corredores se perdieron, los 42k de Estados Unidos son asociados a la prueba que quedó en manos de un tramposo y de un corredor acusado de dopaje.

Desde el primer minuto, la competencia en S. Louis fue mal preparada. Se largó por la tarde, con 32º de calor, y la primera fuente con agua se encontraba a 17 kilómetros, pasando por senderos y caminos polvorientos.

Tras comenzar la carrera, el cubano Félix Carbajal perdió el liderazgo tras detenerse a agarrar unas manzanas de un árbol, que luego le cayeron mal y lo hicieron vomitar.

El neoyorquino Fred Lorz tampoco la pasaba bien, y decidió abandonar. Se subió a un auto para retornar al estadio olímpico y recuperar su ropa, andando alrededor de 11 millas. Tras bajarse a un par de kilómetros se motivó por la ovación del público en las adyacencias de la llegada y fue recibido por el ganador, ingresando al recinto corriendo.

La hija del presidente de EEUU, Alice Roosevelt, le colocó una corona de laurel en la cabeza, pero luego de que varios espectadores lo denunciaran por verlo llegar en un auto, los aplausos se transformaron en abucheos.

Esto llevó a ser sancionado, aunque tiempo después lo perdonaron, y en 1905 terminó ganando la Maratón de Boston.

Un vencedor…¿dopado?

El vencedor de la prueba, finalmente fue el norteamericano Thomas J. Hicks, que cruzó la meta con un tiempo de 3 horas, 28 minutos y 53 segundos.

Al igual que Lorz, Hicks se sintió mal y estuvo a punto de abandonar la carrera cuando restaban 15 kilómetros. Allí, sus entrenadores le dieron de beber brandy mezclado con sulfato de estricnina, con el objetivo de estimular el sistema nervioso. Curiosamente, esta mezcla también se utiliza con otro fin: el de matar ratas.

Además, para «sacarle el sabor del brandy», le dieron de tomar agua del radiador de un auto, dado que no tenían caramañolas encima.

Esta sustancia le permitió al corredor ponerse de pie y completar el circuito, aunque cruzó la meta en brazos de sus coachs y debió ser atendido por un médico, dado que estuvo a punto de perder la vida por los efectos nocivos de la poción.

Foto: Getty Images

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