Un escalador completa la travesía del Fitz Roy

El escalador Sean Villanueva O’Driscoll completó la Fitz Roy Traverse, un desafío de seis días que incluyó los seis picos del mítico cerro en El Chaltén.

25 de marzo de 2021

El escalador belga Sean Villanueva O’Driscoll logró completar la Fitz Roy Traverse, un desafío de seis días que incluyó los seis picos del mítico cerro en El Chaltén y con un recorrido de alrededor de 60 kilómetros.

Si bien esta es la segunda ocasión en la que se completa el desafío, es la primera oportunidad en la que se logra concretar en soledad.

Esto se dio en febrero de 2021. Fue entre el 5 y 10 y llamó a su logro “The Moonkwalk”. De hecho, celebró sus 40 años en medio del recorrido.

El cruce cordillerano atraviesa el cerro Fitz Roy y sus seis picos satélites.

En total, la travesía incluye cuatro kilómetros de escalada técnica, con exigentes subidas y bajadas, y alrededor de 60 kilómetros de distancia recorrida.

A su vez, el orden en el que se fueron atravesando las montañas fue Aguja de l’S, Aguja Saint-Exúpery, Aguja Rafael Juárez, Aguja Poincenot, Aguja Kakito, Cerro Fitz Roy, Val de Bois, Aguja Mermoz y Aguja Guillaumet.

El escalador belga nació en 1981 y tiene más de 20 años de experiencia en escalada, con la Patagonia como su segundo hogar, tanto en Chile como en Argentina.

De hecho, cuenta con grandes travesías recorriendo Torres del Paine y El Chalten.

La primera ocasión en la que se completó la Fitz Roy Traverse fue en febrero de 2014, cuando Tommy Caldwell y Alex Honnold alcanzaron el hito.

La Travesía, día a día

(texto de PATAGONIA VERTICAL http://www.pataclimb.com/)

Entre el 5 y el 10 de febrero, Seán Villanueva O’Driscoll completó en solitario la Travesía del Fitz «a la inversa», que bautizó como «Moonwalk». La realidad parece tener esa forma de superar siempre la imaginación. Lo que sigue es como lo inimaginable se hizo realidad.

Seán aproximó la cadena del Fitz Roy desde el sureste, por Laguna Sucia, durmiendo en la cueva cerca del borde del glaciar.

El día 5 comenzó a escalar, llevando un haulbag chico y una mochila, con diez días de comida, una carpa chiquita, una bolsa de dormir liviana y, por supuesto, su flauta. Uso una cuerda simple de 60m y y un cordín para hizar. Las previsiones anunciaban seis días y medio de buen tiempo. Se auto-aseguro en casi todo excepto los largos muy fáciles, y escaló todo en libre (+4000m, 6c 50Ëš).

Comenzó por la “Cara Este” de la Ag. De l’S, siguiendo con la «Austríaca» en la Ag. Saint-Exupéry. En esta vía, una caída de piedras corto la funda de su cuerda en tres lugares. A pesar de esto, tomando la cosa con “filosofía”, decidió seguir. Su primer vivac fue en el filo que lleva a la Rafael Juárez.

El segundo día, durante la travesía hacia la Rafael, se le rompió uno de los porta-equipos del arnés y perdió algunos Camalots. Con la cuerda dañada y menos Camalots, las cosas no pintaban bien. Escaló la parte superior de la «Anglo-Americana», y rapeló la «Piola-Anker» para llegar al pie de la cara sur de la Poincenot. escalandola por la «Fonrouge-Rosasco», y vivaqueando cerca de la union con la «Whillans-Cochrane».

El tercer día, que era el día de su 40º cumpleaños, subió a la cumbre del Poincenot, y rapeló hacia el norte por la «Invisible Line». Desde el col, encaró la Kakito, escalando algunos largos nuevos para alcanzar la cumbre desde el este. Llego a La Brecha temprano, poco después del mediodía, pero decidió tomarse el resto del día libre. El Fitz chorreaba demasiado a esa hora, y prefirió no arriesgar mojarse.

El cuarto día, el 8, encaró el Fitz, escalando la «Franco-Argentina». Los momentos más aterradores de toda la travesía fueron después del «fin de las dificultades», negociando el nevé de la cumbre con zapatillas de aproximación y grampones de aluminio. Bajando hacia el norte, por la «Casarotto», viento fuerte y una cascada lo hicieron parar temprano otra vez, dos largos por encima del Pilar Goretta. Su cuerda estaba bastante maltrecha y mojarla no parecía una buena idea.

La mañana del 9 rapeló hasta el Bloque Empotrado, escaló la Val Biois, y hizo la larga travesía hasta la Mermoz. Esta sección resultó ser más difícil y larga de lo que esperaba, pero aún así logró llegar a la cumbre para vivaquear.

En su sexto día de escalada, el 10, rapeló la parte superior de la «Argentina», y escaló la «Lüthi-Dominguez» hasta la cumbre sur de la Guillaumet, para luego travesear a la cumbre principal. No estaba seguro por donde bajar, pero al ver una enorme caída de piedras en el «Amy», decidió por la «Brenner-Moschioni», llegando al Paso Guillaumet cerca de las 2 o 3 de la tarde. En el último rapel, uno de los cortes de funda de la cuerda finalmente cedió, dejando expuestos varios metros del alma. Una cuerda muy dañada el primer día, había sobrevivido milagrosamente hasta el final.

Bajando hacia la Piedra del Fraile, pero queriendo saborear un poco más la experiencia que acababa de vivir, decidió parar en Piedra Blanca. Un “grand-voyage” de esta magnitud merecía una pausa antes de volver a la civilización.

Seán parece ser la única persona que no se entera de la magnitud de lo que hizo, una ascensión que Colin Haley describió como posiblemente la solitaria más exigente hecha en la zona. Más allá de su conocida habilidad y su fortaleza física, lo que está claro es que su arma secreta fue su actitud mental, su voluntad de dar siempre un paso más, de dejarse llevar por la curiosidad, y de mantenerse en el momento presente, evitando dejarse apagar por la magnitud de lo que viene. Tocó su flauta en cada cumbre, y todas las mañanas meditó por al menos 15 minutos. Una aventura tan larga y difícil requiere maestría física, pero por sobre todo requiere saber darse tregua.

El escalador belga Sean Villanueva O’Driscoll logró completar la Fitz Roy Traverse.
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