Jesse Owens, el hombre que desafío a Hitler y ganó cuatro oros en los Juegos Olímpicos

El atleta norteamericano integra la lista de los mejores de la historia, revolucionando al mundo con sus victorias en los Juegos Olímpicos de Alemania 1936.

9 de agosto de 2020

El 9 de agosto de 1936, el mundo del atletismo vivió uno de los momentos más importantes de su historia. El norteamericano James Cleveland «Jesse» Owens obtendría su cuarta medalla de oro en los Juegos Olímpicos disputados en Berlín.

«Jesse», como se lo conocía al deportista nacido en Alabama el 12 de septiembre de 1913, logró imponerse ese día en la prueba de relevos de 4×100 metros, acumulando también triunfos en 100 y 200 metros y en salto en largo.

Por aquel entonces, con un Adolf Hitler con más poder en Alemania y Europa, pretendía que los atletas germanos lograran imponerse en la mayor cantidad de pruebas en la competencia para demostrar la supremacía aria, pero Owens fue el gran protagonista de los Juegos.

De hecho, muchos periodistas de la época recuerdan que Hitler estaba «muy molesto por los triunfos del negro estadounidense. Porque cualquiera que tuviese ancestros procedentes de la jungla era un salvaje; su constitución física era mucho más fuerte que la de los blancos y por ello deberían haber sido excluidos de los Juegos».

A pesar de ello, otras versiones indican que Owens admiraba al mandatario alemán y que llegó a tomarse una fotografía con él.

El primer afroamericano sponsorizado

Su fama internacional era muy reconocida por Adi Dassler, que años más tarde fundó Adidas. En aquella ocasión, lo visitó en la villa olímpica y lo convenció de utilizar calzado de la empresa Gebrüder Dassler Schuhfabrik.

Por ello, se dice que Owens fue el primer atleta afroamericano con sponsor de la historia.

Sinsabores tras Berlín 1936

Al volver a su país, Owens fue parte de un homenaje en el que recibió una bolsa de papel entregada por un desconocido. En ese momento no le dio importancia al regalo, pero tiempo después, al abrirlo, se encontró con 10 mil dólares.

A pesar de ello, por ser de color, no tenía la libertad de alojarse en cualquier hotel. Además, en un homenaje realizado en el Waldorf-Astoria, debió usar el montacargas para asistir a la celebración.

Como si esto fuera poco, el presidente Franklin D. Roosevelt jamás lo tuvo en cuenta para realizarle un reconocimiento tras sus triunfos en Berlín.

Con pocas ganancias tras los Juegos, intentó organizar eventos en los cuales competía con la gente en carreras de 100 metros, dándoles 10 o 20 pasos de ventaja.

A su vez, para hacer más divertido el show, corría (y les ganaba) a caballos.

Dentro de este contexto, terminó trabajando como vendedor de gasolina y en una lavandería, y se le abrió una causa judicial por adeudar impuestos.

Falleció el 31 de marzo de 1980, a los 66 años.

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