¿Podría una pastilla reemplazar la actividad física?

Científicos del Instituto Salk de San Diego experimentaron con ratones y desarrollaron una droga que provoca beneficios similares a una sesión de ejercicio. Podría ser de gran utilidad para personas con obesidad o con problemas de movilidad.

27 de septiembre de 2020

Científicos del Instituto Salk de San Diego descubrieron una droga, con la que ya experimentaron en ratones, que provoca beneficios similares a una sesión de ejercicio. Ese sería el primer paso para, gracias a una pequeña pastilla, poder evitar el tener que pasarse horas transpirando en un gimnasio.

Lo interesante de esto es que lo que en un principio podría ser catalogado como la victoria del sedentarismo también sería positivo para persona de perfiles diferentes. Según este grupo de investigadores, dirigidos por Ronald Evans, esta pastilla podría ser de gran utilidad para personas con obesidad o con problemas graves de movilidad.

Los científicos sometieron a dos grupos de ratones -de los cuales sólo uno tomó las pastillas- a una serie de pruebas en la cinta de correr. Y encontraron que los roedores que ingirieron la droga conocida como GW501516 eran más resistentes que los del grupo de control. En concreto, los ratones “dopados” consiguieron correr durante 270 minutos antes de ser víctimas del agotamiento, mientras que los otros solo aguantaron 160 minutos.

Ocho semanas después de comenzar el tratamiento se analizaron las consecuencias de la ingesta de pastillas en la salud de los ratones, y se encontró que el fármaco había cambiado la actividad de casi 1.000 genes. Aquellos involucrados en la quema de grasa se volvieron más activos, y los que convertían el azúcar en energía fueron suprimidos. Eso se tradujo en un aumento de la resistencia de los ratones, una reducción de peso y un mejor control de los niveles de glucosa en sangre.

El estudio, publicado en Cell Metabolism, no es el primero que analiza la GW5O1516. Este compuesto fue descubierto en la década de los 90’ y se utilizaba para tratar enfermedades cardiovasculares, pero la incidencia de cáncer en dosis altas hizo que se abandonara. Ahora, más de 20 años después de esos primeros intentos, investigaciones como estas podrían devolver a este fármaco a la práctica clínica.

Y mientras hay quienes defienden sus propiedades y otros creen que nunca se llegaría a aprobar por la posibilidad de un mal uso en dosis altas, algunos se muestran cautelosos. Por ejemplo, Louise MacKenzie, farmacóloga de la Universidad de Herfordshire, quien cree que el GW501516 es un buen punto de partida en el tratamiento de enfermedades. “Puedo ver un futuro en el que se resuelvan los problemas. Sólo es necesario tener los suficientes científicos inteligentes trabajando en ello”, explicó.

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