Baja 25 kilos para correr un Ironman

Alejandro Heredia vive en Villa La Angostura y cambió una vida de sedentarismo por el deporte. A los 51 años se propuso correr un Ironman 70.3 y lo logró, pero para ello debió cambiar su forma de vida.

3 de abril de 2019

Alejandro Heredia estaba cómodo con su vida. Apenas pasaba el medio siglo y daba clases de educación física en el CEF nro 7 de Villa La Angostura. Hasta allí no hay nada raro, excepto que en un momento buscó dar un cambio. Es que el sobrepeso que tenía lo limitaba para tener una mejor calidad de vida.

Y de un día para otro buscó proponerse metas. Así, empezó con un cambio en su rutina alimentaria y se enfocó en reducir la híperinsulinemia metabólica.

«Soy de los que adhieren a la teoría metabólica, en mi caso en particular, en dos años logré mejorar mis marcadores de toda la vida por problemas de sobrepeso», relata alejandro.

Hace tres años, probó con su primera prueba combinada. Participó en la tradicional competencia Escape de la Isla Huemul en la categoría por equipos, siendo el primer relevo en la parte de natación.

En la siguiente temporada empezó a correr en pruebas de natación cortas, en Villa La Angostura, en Lago Espejo y en triatlones. Inclusive, tomó como ejemplo a su amigo Ariel Barrios, que se animó a meterse al agua cuando poco tiempo atrás ni sabía nadar. Así comenzó su locura.

«Miraba de reojo a los que corrían Ironman, me gustaba mucho la competencia y le tenía ganas. Cuando estuve en Pucón, seguí de cerca toda la prueba y me entusiasmé», relata.

De esta manera, empezó a mentalizarse que podría competir en la prueba, pero tenía en claro que para eso, antes tenía que empezar a bajar de peso. Alejandro lo tenía bien en claro: «La idea se me metió en la mente, pero para eso había que cambiar mi forma de vida», relata. Con un año por delante, bajó 15 kilos, sacando el pan y el azúcar de su mesa.

Primero corrió un triatlón en la distancia «sprint» y luego, se tiró a un «olímpico», hasta que le llegó el momento de anotarse al Ironman 70.3 Bariloche. «Se puede», se dijo para sus adentros, pero para ello, siguió con la dieta.

«A cierta edad, para seguir el ritmo de carrera, hay algo muy importante: no debemos perder músculo», aclara respecto a su forma de entrenarse.

En diciembre del año pasado, Heredia participó del trialtón olímpico de General Roca, y si bien cruzó la meta, una lesión lo retrasó y lo dejó al último puesto. Durante enero del 2019 se enfocó en recuperarse, porque sabía que no tenía margen para el error.

Conjuntamente con la preparación, no dejó de destacar sus chequeos médicos: «Me hago análisis y ergometrías cada seis meses para tener controles de todo tipo y conocer mis parámetros de presión».

«No voy a negarlo…tuve miedo de no estar recuperado», reconoce. Así y todo, no bajó los brazos. Con entrenamientos en Villa La Angostura, fondos en bicicleta de hasta 100 kilómetros y transiciones con 12 kilómetros de pedestrismo, hasta que llegó el día.

Y lo logró. Con emoción. Con orgullo. Con garra. Con su profesor Laureano Cabral alentando entre la gente y aplaudiéndolo.

«Fue algo hermoso, no me lo olvidaré jamás», cuenta contento. Y así fue, como un día se propuso algo, y en base a su esfuerzo y dedicación, Alejandro logró su objetivo. Y ahora, lejos de cruzarse de brazos, buscará nuevos horizontes.

 

 

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