Cuando un atleta debe elegir entre ser olímpico o trabajar para vivir

Matías Robledo fue uno de los mejores velocistas de la Argentina. Ahora, recibió una propuesta para entrenar con el Seleccionado de Rugby y a pesar de tener la chance de ir a Tokio, debió optar por mantener su trabajo.

17 de septiembre de 2020

Los trofeos de cinco campeonatos nacionales de 100 metros y récord argentino en la posta de 4 x 100 metros forman parte de la gran cantidad de logros obtenidos por el correntino Matías Robledo.

Su velocidad es indiscutida, aún hoy, a dos años de su última competencia oficial.

Fue por eso que Santiago Gómez Cora, entrenador de los Pumas Seven, la Selección Argentina de Rugby de siete jugadores, lo citó para entrenar y pelear por una chance para estar dentro del plantel que competirá en los próximos Juegos Olímpicos.

La idea no es una locura, ya que otro atleta (con formación dentro del deporte de la ovalada) es parte del grupo: Franco Florio.

Pero a pesar de probar suerte (y ser bien considerado), tanto en el atletismo como en el rugby, Matías debió decidir…y eligió mantener su trabajo como profesor de educación física en Corrientes.

El amor por el deporte lo lleva en la sangre, pero Robledo tiene una familia a la que debe mantener y para cumplir con sus obligaciones, por más que los empleadores le brinden ciertas flexibilizaciones, los tiempos para respetar sus horarios laborales no son posibles.

“Tenía que viajar de un lado a otro, y a mi trabajo llegaba con el tiempo justo, o un poco más tarde, y sin ducharme. No tenía sentido por más que quisiera hacerlo”, cuenta en diálogo con Más Aire.

Robledo recuerda sus carreras en Bolivia y Chile como las últimas oficiales. Incluso su intento de clasificar a los Juegos Odesur, o las giras por Europa, brillando en los 60 metros indoor.

A pesar de destacarse, los números no cerraban. El pentacampeón argentino en 100 metros llanos estaba fuera de casa desde las 8 a las 23, entre el trabajo y el entrenamiento, y eso que sólo podía prepararse en un sólo turno.

Incluso, por correr se perdió el nacimiento de su hija Alma. “Muchos decían que eso me iba a complicar, pero fue una inyección para mi carrera y rendí muy bien”, recuerda.

En Buenos Aires, representó al club Quirón y fue entrenado por Javier Morillas. Horas y más horas entrenando en la pista del Cenard fueron parte de una vida que le dejó la huella, aunque por no dedicarse al 100%, no le permitió cumplir su sueño de ser olímpico: “El atletismo es un deporte del que no se puede vivir”.

Así y todo, Matías siempre va a amar al atletismo y lo va a recomendar. “Todavía no se me cruzó correr por hobby, soy muy competitivo, así que si vuelvo en algún momento, será para buscar lo mejor”, concluye.

 

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