El atleta amenazado de muerte que volvió a su país tres años después

Feyisa Lilesa escoltó a Kipchge en los 42k de los Juegos Olímpicos de Rio 2016 pero no quiso volver a Etiopía por miedo de ser asesinado por pertenecer a la etnia oromo. «Mi lucha sirvió», dijo.

14 de julio de 2020

Por lo general, en los Juegos Olímpicos, la maratón masculina se realiza en la última jornada, y en Rio 2016 no fue la escepción.

El vencedor fue el etíope Eliud Kipchoge con gran claridad. Su nombre y el brillo del oro captaron la atención del mundo…pero el segundo le robó todo el protagonismo en aquella jornada.

Su compatriota, Feyisa Lilesa, traspasó la meta cruzando los brazos y declarando que tenía miedo de retornar a su país por miedo a ser asesinado.

Lilesa expresó que podrían detenerlo o matarlo al retornar por manifestarse en contra del gobierno del primer Ministro, Meles Zenawi.

«Sé que después de este segundo puesto pueden detenerme o matarme al llegar a mi país», sostuvo a la prensa en el Sambódromo.

El corredor pertenece al grupo étnico oromo, que desde hace muchos años, es víctima de un antiguo sentido de exclusión política y de opresión a manos de otros grupos. A pesar de ser mayoría, no cuentan con el poder suficiente como para lograr las injusticias.

Al no volver a su país, no recibió los 17 mil dólares de premio que daban las autoridades por obtener la medalla de plata.

Recién en 2019, luego de que le garantizaran la seguridad de su vida, pudo cobrar el dinero.

«Estoy muy feliz, no por el premio en efectivo, sino porque estoy viendo que mi lucha es fructífera en el país», expresó el corredor a la BBC tras tener en sus manos el cheque de parte de Abiy Ahmed, el primer ministro de Etiopía.

Más problemas en la actualidad

Hoy en día, lamentablemente siguen las persecuciones contra este grupo étnico. De hecho, a fines de junio de 2020, fue asesinada la estrella del pop etíope Hachalu Hundessa por canciones de protesta en contra del Gobierno.

El cantante fue conocido como la «banda sonora de la revolución oroma». Las protestas por su asesinato derivaron en más de 150 muertes y más de mil detenciones por parte de las fuerzas de seguridad de Oromia.

 

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