K2, la montaña de la muerte

Sus 8611 metros la posicionan como la segunda montaña más alta del mundo, pero el K2 es el resto más exigente que cualquier alpinista pueda enfrentar en este planeta.

28 de julio de 2022

Sus 8611 metros la posicionan como la segunda montaña más alta del mundo, pero el K2 es el resto más exigente que cualquier alpinista pueda enfrentar en este planeta.

Junto con el Annapurna y el Nanga Parbat, forma parte de las cimas más complejas de alcanzar.

Esta montaña forma parte de la cordillera del Karakórum, en el sistema de los Himalayas, y también se la conoce como Chogori/Qogir, Ketu/Kechu, o Monte Godwin-Austen.

Ubicada en la frontera entre Pakistán y China, es India el país que se proclama como dueño de dichos territorios.

Es la segunda montaña en porcentaje de fatalidades entre los “ochomiles” para aquellos que lo escalan, después del Annapurna.

Por cada cuatro personas que han alcanzado la cumbre, una muere y solamente tres bajan.

Polémica: 150 alpinistas hacen cumbre en el K2 en menos de un día

El origen del nombre K2

El nombre nace a raíz del Gran Proyecto de Topografía Trigonométrica. En 1856, Thomas Montgomerie hizo la primera exploración del Karakórum realizando un dibujo de los dos picos más prominentes, llamándolos K1 y K2.​

La política era usar nombres locales para las montañas, y el K1 se descubrió que localmente era llamado Masherbrum.

En cambio, el K2 no había adquirido ningún nombre local, posiblemente a causa de lo complejo que era llegar a su ubicación.

A falta de un nombre local, se sugirió el nombre Monte Godwin-Austen en honor de Henry Godwin-Austen, un temprano explorador de la zona, y aunque el nombre fue rechazado por la Royal Geographical Society,​ se utilizó en varios mapas y sigue usándose en ocasiones.

Una montaña maldita

Recién en 1954 fue una expedición italiana la que pudo alcanzar la cumbre, tras varios intentos fallidos y varios decesos.

Aunque la montaña tiene una cima de menor altura que el Everest, se considera que su cima es más compleja de alcanzar por la climatología y su mayor altura comparativa respecto al terreno circundante, por lo que se la conoce como “La Montaña Salvaje”.

Un reflejo de la letalidad del camino se ve en las estadísticas. Hasta agosto de 2004, solo 246 personas habían conseguido ascenderla, contra 2238 que hicieron cumbre en el Everest (hoy en día la brecha se amplió mucho más).

El trekking beneficia al cerebro

A su vez, los fallecimientos alcanzaban por ese entonces los 56.

Como si fuera poco, la leyenda dice que el K2 tiene una maldición para las mujeres. La primera mujer en alcanzar la cumbre fue la polaca Wanda Rutkiewicz en 1986.

Luego, de las siguientes cinco mujeres en llegar a la cima fallecieron (tres de ellas en el descenso y las otras dos ascendiendo otros ochomiles).

Rutkiewicz también murió en el Kangchenjunga en 1992.

La española Edurne Pasabán fue la excepción, pudiendo descender con éxito, aunque le valió perder por congelamiento dos falanges de los dedos del pie, que debieron ser amputados.

Subir el K2, un reto casi imposible.

La tragedia del K2

La tragedia del K2 se refiere a las muertes ocurridas en la temporada de escalada entre el 6 y 10 de agosto de 1986,  cuando cinco montañistas murieron durante una fuerte tormenta, mientras que ocho fallecieron en las semanas posteriores.

En junio de 1986, el gobierno de Pakistán otorgó numerosos permisos de escalada, y a principio de junio, 150 tiendas estaban instaladas a los pies de la montaña. Al final de la temporada, 27 escaladores lograron hacer cumbre, mientras que 13 murieron.

Mientras que dos hombres murieron por avalancha, una pareja de alpinistas expertos cayeron en un precipicio debido a una fuerte tormenta.

En tanto, un polaco que no había sido capaz de ajustarse correctamente los crampones esa mañana debido a los dedos adormecidos por el frío, perdió un crampón; mientras intentaba asegurarse perdió el otro y se precipitó por la pendiente.

A su vez, un italiano falleció al caerse en una grieta, luego de que el bloque de hielo donde estaba parado se derrumbara.

Un famoso escalador polaco, con  la conciencia embotada por la hipoxia y la fatiga, se soltó al final de una cuerda fija y cayó, mientras que un porteador pakistaní se golpeó con una piedra y también murió.

El resto de los alpinistas y montañistas fallecieron en situaciones similares, debido al agotamiento y mal clima.

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