¿Por qué se corren 42.195 metros en un maratón?

Todos conocemos la medida de la competencia, pero lo que sucedió para definir la exactitud de la prueba no es tan pública.

16 de julio de 2020

Todos sabemos que un maratón mide 42 kilómetros y 195 metros, pero no es tan conocida la razón que motivó a definir esa distancia como la elegida para dicha competencia.

A comienzos de siglo, la «maratón» tenía una distancia aproximada de 40 kilómetros. De hecho, en las primeras maratones olímpicas, las cifras del recorrido eran estimadas, pero no exactas.

Recién el 27 de mayo de 1921, en la ciudad de Ginebra, la Asociación Internacional de Atletismo (IAAF), estableció que el maratón tuviera una distancia oficial de 42.195 metros, y así quedó establecido para siempre.

Los comienzos

En los primeros Juegos Olímpicos, realizados en Grecia en 1896, la prueba fue una de las que despertó mayor interés. A pesar de ello, no había una distancia reglamentada, y el recorrido estimado «rondaba los 40 kilómetros».

La distancia se tomaba de acuerdo al «recorrido oficial elegido». Es más, la primera carrera tuvo 41.8 kilómetros.

En tanto, en los Juegos Olímpicos de Londres, llevados a cabo en 1908, se realizó por primera vez la tan mentada distancia de 42.195 metros, uniendo el Castillo de Windsor y el estadio olímpico de White City.

Lo que motivó a que se optara por esa distancia fue que la largada tuvo lugar en el interior del Castillo. Las historias de la época relatan que se tomó esa decisión para que los corredores pudieran largar sin la obstrucción de espectadores, aunque los comentarios más fuertes indican que se definió esa medida por idea del príncipe de Gales, para que tanto sus hijos como la reina pudieran ver la salida desde la comodidad de sus habitaciones y sin abandonar el edificio, dado que las condiciones climáticas no eran las mejores.

¿Sabía que esa es la versión light de lo ocurrido? En el desfile inaugural, el abanderado de Estados Unidos se negó a desfilar para no tener que realizar una reverencia al rey británico.

Por ello, la princesa Mary demandó que la carrera comenzara bajo la ventana de la Guardería Real del Castillo y que el vencedor fuera recibido por el rey para “restaurar la importancia de la monarquía” tras el desplante de Estados Unidos. El tiro les salió por la culata si se tiene en cuenta que el ganador fue John Hayes, de USA.

Pero, además de acatar el pedido real por la largada, también se modificó el ingreso al estadio.

Sucedió que el acceso por el túnel de ingreso debió ser destinado al ingreso de los reyes, por lo que los corredores tuvieron que dar medio giro por fuera para entrar por otra puerta, para finalizar la prueba justo delante del palco real.

Estas modificaciones agotaron al puntero de la competencia, que se confundió y dio el giro inverso, ingresando en sentido contrario. Al verlo tan cansado, los jueces lo ayudaron a completar la carrera, pero esta acción hizo que lo descalificaran.

A pesar de ello, los 42.195 metros se transformaron en un emblema y distinción de tan exigente carrera.

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