Bikila, el etíope que cambió el atletismo

Bikila, un maratonista que marcó un hito con dos preseas doradas consecutivas en Juegos Olímpicos, ambas acompañadas de curiosas historias.

4 de mayo de 2022


Bikila es sinónimo de atletismo, y para ello, antes que nada debemos pensar en Shewa, una antigua provincia de Etiopía que quedará en los textos por haber sido, allá por agosto de 1932, el lugar donde nació uno de los atletas más importantes del África oriental. El que cortó con la hegemonía de americanos, europeos y soviéticos y puso a toda una región en el mapa del atletismo mundial.

De Abebe Bikila se trata, un maratonista que marcó un hito con dos preseas doradas consecutivas en Juegos Olímpicos, ambas acompañadas de curiosas historias que repasaremos a continuación.

Abebe Bikila, el hombre que cambió la historia

Cuentan los medios italianos de aquella época que Bikila llegó a la maratón de los Juegos Olímpicos de Roma 1960 como un total desconocido, incluso sin haber preparado el evento como correspondía porque debió reemplazar a un compañero lesionado a último momento.

Claro está, Abebe aprovechaba las horas que le quedaban libres dentro del Ejército etíope, donde cumplía el rol de soldado, para correr en el llano africano persiguiendo animales, soportando temperaturas inhumanas y calculando a ojo la cantidad de kilómetros que podría realizar en cada jornada. Sabía correr, y lo hacía muy bien.

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Tanto que hasta había ganado un certamen en su país. Al día de la competencia en Roma llegó con un calzado nuevo que compró para la ocasión. Pero las jornadas previas, esas zapatillas a las que no estaba tan acostumbrado le habían generado ampollas en ambos pies. Por eso, y también para dejar bien en claro su amateurismo, Bikila decidió dejarlos a un lado y correr descalzo. Sí, descalzo por las antiguas y duras calles de Roma. ¿Lo hizo bien? Más que eso.

Con 2 horas, 15 minutos y 16 segundos marcó un nuevo récord mundial y subió a lo más alto del podio. Durante la prueba, incluso, tuvo que pasar por el obelisco de Axum, que había sido robado de su país natal por el ejército italiano en plena Segunda Guerra Mundial. Historia pura.

La imagen que lo representaba: Bikila corría sin zapatillas.

El segundo logro de Bikila

Cuatro años después la nueva cita olímpica encontró a Bikila buscando su segundo logro consecutivo, ya con calzado acorde para la ocasión pero con muchas complicaciones en los meses previos. Es que una apendicitis aguda con posterior internación deshizo su planificación seis semanas antes de la competencia en Tokio, y su programa de entrenamiento ya no fue el mismo.

Aún así, mejoró en más de tres minutos su marca anterior y con 2h, 12m y 11s repitió la medalla dorada para engrandecer aún más su figura y quedar en la historia por ser el primer atleta en ganar dos veces un Maratón olímpico. Un verdadero Rey de la larga distancia, cruzando la meta casi sin mostrar cansancio ante rivales que literalmente se derrumbaban al superar los 42 kilómetros y 195 metros. ¿El festejo? Con energía, haciendo alegres ejercicios de gimnasia ante la ovación del público japonés.

El norteamericano Frederick Lorz logró ser ganador, pero se supo que fue ayudado en medio de la carrera, siendo dopado y trasladado por amigos.

Pero su final fue tan vertiginoso como su ascenso. Ya con el épico historial de medallas a cuestas y varios maratones más en su haber, México 1968 lo encontraba como un personaje muy conocido en el ambiente y firme candidato. No pudo ser: la altura y una molesta lesión obligaron al etíope a abandonar la prueba superados los 15 kilómetros. Una decepción grande.

Apenas un año después, un accidente con su auto en su país natal lo dejó parapléjico pero no logró alejarlo de las competencias oficiales. En silla de ruedas, su espíritu competitivo lo llevó hasta Londres para participar de los Juegos Stoke Mandeville en 1970, antesala de lo que actualmente son los Juegos Paralímpicos. Lejos de poder reponerse, y todavía con secuelas de aquel fatídico accidente, falleció en octubre de 1973.

Enterrado con todos los honores y ante una multitud, la vida de Bikila había llegado a su fin pero su legado permaneció para toda la historia. Sus logros le abrieron la puerta de la competencia a miles de jóvenes africanos que, por condiciones naturales y entrenamiento, comenzaron a dominar las pruebas de todo el mundo. Una nueva era ya estaba en marcha. Todo empezó por él.

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