Pablo Barnes, el hombre que se enamoró de la ultradistancia

Tabajaba en una heladería, pero en 1998 decidió recorrer el mundo. Dejó su carrera de abogacía y dio dos vueltas al planeta. Además, le tomó el gusto a correr y brilla cada vez que compite en los 246k de la Spartathlon.

28 de agosto de 2020

Lo escuchas hablar y cada tanto se le mezcla una palabra en italiano, pero usa la palabra «che» y toma mate como un argentino más. Pablo Barnes reside hoy junto con su esposa Virginia Olivera en Liguria, Italia, y es uno de los mejores corredores de la historia albiceleste en larga distancia.

Los resultados lo avalan: 12º en un Spartathlon (246, en Grecia) y 14º en UTMB, siendo la mejor clasificación argentina en la icónica distancia de 170k (el salteño Santos Gabriel Rueda fue 9no en la categoría CCC).

Nació en Caballito y de chico sus compañeros lo apodaron «El Hábil Barnes» gracias a su destreza para correr, saltar y trepar, pero su historia va más allá del deporte.

Soñador y aventurero, dejó de trabajar en 1998 en una heladería en el Alto Palermo para conocer el mundo junto con Virginia.

Abandonó la carrera de abogacía y decidió viajar, dando dos vueltas al planeta. Hacían lo que fuera, desde dejar su currículum en un local de comidas rápidas a trabajar como jardineros.

De esa manera fueron encontrando «su lugar en el mundo», aunque todavía no se habían relacionado de manera directa con el deporte de alta competencia, lo que le llegó tanto a él como a su esposa en Italia. Allí, un familiar los invitó a correr una prueba de 10k, y desde allí, la llama se encendió.

«Siempre fui medio obse con el deporte, pero sin tener la cabeza en competir. Todo se fue dando naturalmente, pero un día estaba corriendo una maratón y al poco tiempo una carrera de 24 horas», rememora Pablo.

Con una casa en Mar del Plata, siempre disfruta poder retornar a su país para visitar amigos y familiares, además de correr.

Pruebas como El Cruce Tandilia lo ha tenido como protagonista, aunque la mayor parte de su carrera la desempeñó en Europa.

Auspiciado por Salomon, no se considera corredor, sino como «una persona activa a la que le gusta hacer carreras».

«Toda competencia me da una motivación. Siempre me preguntan sobre el motivo de no enfocarme detenidamente en una actividad y no en todas las disciplinas, pero a mi el correr me hace bien a la cabeza», explica en una charla con Más Aire.

Con más kilómetros encima por viajar que por correr, se reconoce amante de la bandera y los colores argentinos, pero también alguien de mundo: «No soy un nacionalista de los que defiende todo, a mi no me importan las banderas. No tengo prejuicios por el país de la otra persona. Pero cuando te pones la celeste y blanca y sale algo de adentro y lo disfrutas».

Un sinfín de kilómetros

Barnes es reconocido por su extensa trayectoria y su gran experiencia al competir en Grecia. Pero además cuenta con la gran ventaja de rendir tanto en llano como en trail o pista.

Tal vez el hecho más curioso y divertido fue el haber corrido Le Porte Di Pietra, la primera carrera oficial de ultra-distancia de Italia. Allí pudo competir gracias a una invitación para Virginia, gracias a un triunfo en los 110k de Cromagnon.

¿El resultado? Pablo cruzó la meta junto a Marco Olmo en el primer lugar. «Fui de colado y gané», bromea.

Más allá de ello, UTMB también figura como una de sus pruebas más importantes. En 2007 cruzó la meta en Chamonix en 24 horas y 37 minutos. El tiempo es el mejor registro argentino hasta la fecha, pero también curioso: corrió con zapatillas de calle.

Las carreras con kilómetros son su especialidad, pero no tiene fórmulas. Para él, el «estar motivado, tanto de la cabeza como del corazón» es la clave.

¿Será la receta para correr cada vez mejor a pesar de los años? Tal vez la respuesta esté en la carrera que lo identifica, la Spartathlon, ya que puede contar con cada dedo de su mano las veces que se sacó una foto a los pies de la estatua de Leónidas tras completar la pueba.

Una competencia en la que no se ven arcos de llegada, sino una coronación en la que tras cruzar la meta, el corredor recibe una ramita de olivo y bebe de una piedra con agua del río Evrotas, considerado un río sagrado.

Ese es tal vez sea el secreto de Pablo para mantenerse cada vez más joven con el paso de los años. Ni más, ni menos…

 

 

 

 

 

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